29 marzo 2009

ROSEMONT CORPORATION, CAPUCHA Y LA MISMA CACHIMBA


En Venezuela existe un dicho popular que se utiliza para expresar que algo que aparentemente se presenta como diferente es al final la misma cosa: “El mismo musiú con diferente cachimba”. Y es el caso de dos acontecimientos ocurridos en Venezuela durante esta semana. Hechos aparentemente sin relación entre sí pero unidos por el deterioro político, social y moral del país.

El primero ocurrido el pasado jueves 26 de marzo, cuando el mercado permuta en Venezuela se quedó paralizado, suceso derivado del congelamiento de la cuenta bancaria de “Rosemont Corporation”, entidad cambiaria cuyos clientes lo constituyen diferentes operadores cambiarios de Venezuela, por parte de la Agencia de Lucha contra las Drogas de los Estados Unidos (DEA, por sus siglas en inglés). Todo ello ocurre cuando la cuenta de “Rosemont Corporation” en el “Bank of America” es congelada cuando las autoridades norteamericanas detectaron una o más transferencias entrantes en investigación por lavado de dólares.

El segundo ocurrido el pasado Miércoles 25 de Marzo en el Campus de Bárbula de la Universidad de Carabobo, donde un estudiante muere baleado producto de sucesos violentos durante unas elecciones Decanales. En las Universidades venezolanas al abrigo de la pérdida de institucionalidad ha surgido una suerte de cuerpos armados llamados “capucha” , en un aparente enfrentamiento entre ellos (que no fue entre los electores) una vida se pierde, entre otras tantas que en Venezuela se acumulan y demandan respuesta, “la vida no vale nada” puede ser el fondo musical de esta tragedia.

En ambos casos y por “Reductio ad absurdum”:
1. Esas actividades no pueden sustentarse sin una fuente de ingresos, ahora bien ¿cuál es su origen?;
2. Si los electores, igual que los pequeños ahorristas, no tienen armas, no poseen cuantiosas sumas de dinero para adquirir armas o transferir cuantiosas sumas al exterior: ¿Quiénes si las poseen?;
3. Si las Universidades Públicas Venezolanas viven desde comienzo de los ochenta bajo la más absoluta precariedad financiera (en Venezuela un profesor universitario con veinticinco años de servicio y títulos de cuarto nivel tiene unos ingresos que no sobrepasan los de un trabajador informal), ¿Cuáles son las motivaciones financieras?
4. ¿Por qué no hay una respuesta de la Comunidad Universitaria?, ¿Por qué no hay una respuesta de la Sociedad Venezolana?, ¿Por qué no hay una respuesta de las autoridades públicas?
5. ¿Por qué no se ejecuta el acto que daría respuesta a su pregunta por el ser: «To be or not to be, that’s the question»? ¿Por qué no suprimen los males quienes tienen la responsabilidad de hacerlo tal como se lo dicen todos los argumentos jurídicos, racionales y morales? ¿Qué es lo que le impide empuñar la espada de la justicia y acabar con la impostura?

Podríamos concluir que la inmensa mayoría de los venezolanos vive bajo secuestro de su pensamiento, conocen las respuestas pero el temor obliga, y obliga porque aquí o se está con el Gobierno o se está con la Oposición, mejor si se está con el primero. Mejor porque la polarización política obliga a endosar el origen de todos los males sobre las espaldas del adversario. La razón, el juicio está subyugado al poder. Así como la probabilidad de vida mejor en Cuba es a través del deporte, de la carrera militar o política, en Venezuela se reduce prácticamente a una carrera, la de perpetuarse en el poder, así sea de una junta comunal.

Tenemos las leyes sociales más avanzadas del mundo, afirman los gobernantes, pero la morosidad del Gobierno con sus trabajadores no tiene límites, tenemos las leyes ambientales igualmente avanzadas y el estado de la vialidad constituye una amenaza para el peatón para el conductor. Y no es que el Gobierno quiera o no, es que Venezuela no genera suficiente riqueza como para que el Estado pueda ponerse al día y como para que quien no lo es a duras penas lo haga, de allí que el ciudadano está condenado al delito, entre Leyes imposibles de cumplir y una racionalidad social fundada en el poder la consecuencia es la inmoralidad o cuando menos la doble moral. La estructura, el sistema condiciona el acto humano pero no le libera de responsabilidad.

Al final nos topamos con el inicio: un aplastante deterioro moral de la base social venezolana que impide ver que el Rey está desnudo; y rey paseándose en pelotas, se mantendrá hasta que un niño grite ¡el rey está desnudo!, entonces, los súbditos perderán su miedo a ser tomados por estúpidos y gritarán la verdad: ¡el rey está desnudo!

Nota: en Venezuela, Musiú es una degeneración fonética de la expresión en francés de la palabra “Monsieur”. Igualmente se denomina "Capucha" a Jóvenes universitarios o no que se han constituido en cuerpos armados al margen de la Ley, que viven del oficio, entre otros, de ofrecer servicios de seguridad dentro de los espacios universitarios.

http://www.franciscocontreras.com.ve/Archivos/ROSEMONT%20CORPORATION.pdf

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