01 mayo 2010

EL ESTADO DOCENTE, FASCISMO Y NACIONAL SOCIALISMO EN VENEZUELA (Soc. Frank López)


"A cada hora de cada día, puedo

decirles en qué página del libro

cada escolar en Italia está estudiando"

Benito Mussoline


Autor: Soc. Frank López

Oswaldo_lopez2002@yahoo.es

El gobierno nos ha presentado, en la Ley Orgánica de Educación recientemente aprobada, al Estado docente como la última joya pedagógica del Socialismo del Siglo XXI. El mismo Aristóbulo Istúriz Almeida, vicepresidente del PSUV y exministro de educación, nos ha dicho- en la presentación del libro del maestro Luís Beltrán Prieto Figueroa (2006) recientemente reeditado por la Fundación Biblioteca Ayacucho- que: "el Estado docente es un concepto estratégico de la política educativa del actual gobierno bolivariano y revolucionario (…) que este Estado docente tiene el deber y el derecho de regir el proceso educativo, en virtud de la naturaleza política de la educación". Y la verdad es que, contrario a lo que ha dicho el exministro, tal "concepto estratégico" del Socialismo del Siglo XXI no corresponde, para nada, a las ideas socialistas que se derivan del sistema teórico de Marx.

En la Crítica al Programa de Gotha, unas glosas marginales escritas por Marx contra el Programa del Partido Obrero Alemán presentado por Lassalle entre Abril y Mayo de 1875, como esbozo de lo que para Lassalle debía ser el socialismo como etapa de transición al comunismo (el cual puede leerse en versión digital en la dirección: http://www.marxists.org/espanol/m-e/1870s/gotha/gotha.htm o en la página 24 del primer tomo de las Obras Escogidas de Marx y Engels); en este texto, insisto, Marx se burla de esta idea lassallana del "Estado docente" (y de la educación popular) que el chavismo nos presenta ahora como la última elaboración teórica del Socialismo del Siglo XXI. A este respecto dice Marx enardecido.

Eso de "educación popular a cargo del Estado" (sic) es absolutamente inadmisible. ¡Una cosa es determinar, por medio de una ley general, los recursos de las escuelas públicas, las condiciones de capacidad del personal docente, las materias de enseñanza, etc., y, como se hace en los Estados Unidos, velar por el cumplimiento de estas prescripciones legales mediante inspectores del Estado, y otra cosa completamente distinta es nombrar al Estado educador del pueblo! Lo que hay que hacer es más bien substraer la escuela a toda influencia por parte del gobierno y de la Iglesia. Sobre todo en el imperio prusiano-alemán (y no vale salirse con el torpe subterfugio de que se habla de un "Estado futuro"; ya hemos visto lo que es éste), donde es, por el contrario, el Estado el que necesita recibir del pueblo una educación muy severa (...) Pese a todo su cascabeleo democrático, el programa está todo él infestado hasta el tuétano de la fe servil de la secta lassalleana en el Estado; o -- lo que no es nada mejor -- de la superstición democrática; o es más bien un compromiso entre estas dos supersticiones igualmente lejanas del socialismo.

De modo que Aristóbulo, ha pretendido hacer pasar el vetusto concepto del "Estado docente" por un recién elaborado concepto del Socialismo del Siglo XXI, es decir por un concepto marxista. Una pretensión que el mismísimo Marx, hace 134 años atrás, la había rechazado de manera categórica por ser, a su juicio, una idea inaceptable para el socialismo revolucionario. O sea, Aristóbulo ha engañado a los que creen en esa antigualla que se llama el marxismo, presentándoles el Estado docente como un aporte intelectual del Socialismo del Siglo XXI a la teoría marxista.

Ahora bien, ¿de dónde sacó Aristóbulo este concepto educativo? ¿A que relato o discurso corresponde el fulano Estado docente? Como sabemos, lo tomó del maestro Luís Beltrán Prieto Figueroa. Por ello es que Aristóbulo nos ha dicho -repitiendo la afirmación de Luis Beltrán Prieto- que tal modalidad de Estado ha sido una idea que él comparte con: Platón, Aristóteles, La Chalotais, Fichte, etc. Pues bien, veamos cuál es la orientación de estos personajes que sirven de inspiración a Prieto y a Aristóbulo.

En el caso de Platón y Aristóteles casi es ocioso el comentario, porque la verdad es que usar la ideas de estos filósofos como recurso de autoridad para hacernos pasar su idea del Estado Docente, desdice mucho de la formación histórica de Aristóbulo, porque en realidad es una descontextualización infantil. No tiene ningún sentido comparar el Estado de la Polis griega de más de 2.600 años, con el Estado venezolano. Y no sólo por los años transcurridos, que son muchos, sino, entre muchas razones, porque: primero, la Polis griega no podía estar regida por un Estado docente por la simple razón de que, como las verdades no habitaban en el Estado sino en el topus uranos, entonces a ellas no se podía acceder a través de la acción del Estado, sino a través de la mayeútica socrática, de la anamnesis platónica o de la peripatética aristotélica: es decir, el Estado no podía "dar" educación, lo más que podía hacer era - como sostuvo Aristóteles en La Política (1980;143) - ejercer "una vigilancia pública" sobre ésta. Distinto, por ejemplo, a lo que ocurrió con la filosofía hegeliana, porque para ésta, al ser el Estado la objetivización moral de la razón, le correspondía entonces la tarea educativa de permear, de razón y de moralidad, a todos los miembros de la sociedad: le correspondía ser un Estado educador. Segundo, porque es absurdo comparar el Estado de una sociedad esclavista, como la sociedad griega de hace XXVI siglos, con el Estado de la sociedad venezolana, que se presume democrática, participativa y protagónica: a menos que el chavismo pretenda convertirnos en esclavos y hacer del Estado un Estado esclavista. Y en tercer lugar porque, de aceptar el chavismo la idea aristotélica de que "todos los ciudadanos pertenecen al Estado", sería revelar el rostro fascista del socialismo del siglo XXI, ya que sería aceptar la consigna de Mussolini: "todo dentro del Estado, nada fuera del Estado".

También en este intento de fundamentación filosófica, Aristóbulo, como "teórico" del Socialismo del Siglo XXI, nos ha dicho además que la idea del Estado docente que ellos proponen como solución educativa es compartida con la Chalotais. Una afirmación ésta que resulta alarmante, porque, para el conocimiento de los chavistas que creen en la democracia, Louis-René de Caradeuc de la Chalotais fue un partidario del totalitarismo absolutista del siglo XVIII. Y si lo dudan pueden leer su Essaid`´education nationale, donde sostenía: "Yo reclamo para la nación una educación que sólo depende del Estado, porque los niños del Estado deben ser educados por los miembros del Estado". Es decir, una justificación del derecho del Estado absolutista (militarista) – no de un Estado democrático- de subyugar la vida y el espíritu desde las edades más tempranas de los seres humanos. Una idea, por cierto, que no dista mucho de la de Johann Gottlied Fichte, otro de los inspiradores de Aristóbulo, porque Fichte fue una de las fuentes filosóficas que nutrió la idea hitleriana del Estado racista, sobre todo en su famosos Discursos a la nación alemana (1807-1808), donde esta fuente de inspiración del chavismo y precursor del nazismo alemán defiende la supuesta superioridad de la raza aria.

De modo que, con el Estado docente, el chavismo desarrolla, no una tesis marxista, como se la pretenden vender a los ingenuos, sino una tesis militarista y reaccionaria, perteneciente al más rancio nazismo alemán. Una tesis militarista en la que el Estado tiene, como dijo el ministro de propaganda nazi Paúl Joseph Goebbels (http://quotes.libert...bels.quote.402b/ ): "El derecho absoluto para supervisar la formación de la opinión pública". Con lo cual el Estado docente se revela como un instrumento para aplastar la libertad de pensamiento, porque esta idea de una educación dirigida por el Estado no nació de una sociedad democrática sino de las entrañas del militarismo prusiano, como lo ha dicho en su texto El Estado absolutista, un historiador marxista como Perry Anderson (1994; 271). Y no de cualquier militarismo, por cierto, sino del más reaccionario de la historia, del militarismo prusiano de Federico II, porque fue en 1763, durante su dictadura, cuando apareció por primera vez la idea de una instrucción estatal, gratuita y obligatoria: reglamentada, como se sabe, en su Generallandschulreglement. Una idea que se hizo común a las mentes más acaloradas de las refriegas parlamentarias de Europa revolucionaria, como la de Condorcet, quien en la sesión de abril de 1792 la celebró con entusiasmo en la Asamblea Legislativo francesa. Y como la del dictador Napoleón Bonaparte, quien en 1806 la hizo aprobar como Ley de Educación Superior, y con la cual integró, a sangre y fuego, todo el sistema educativo público, subordinándolo de manera férrea al Estado imperial y reaccionario que había traicionado los principios democráticos de la revolución de 1789.

Por tanto, el Estado docente, como fórmula educativa del militarismo reaccionario de la derecha europea, se halla en todos los discursos educativos de los totalitarismos moderno: en el discurso prusiano de Hegel, cuando dice: "Sólo en el Estado tiene el hombre una existencia conforme a la Razón". En el fascismo italiano de Benito Mussolini, en su famosa sentencia: "A cada hora de cada día, puedo decirle en qué página del libro cada escolar en Italia está estudiando"; o en la versión de Giovanni Gentile, el teórico educativo del fascismo: "La conciencia activa y dinámica del Estado es un sistema de pensamiento, de ideas, de intereses que hay que satisfacer y de moralidad que hay que realizar. De aquí que el Estado sea, como debe ser, un maestro…"

Y, desde luego, en el discurso nacional socialista que Hitler (1920: 98) expuso en su conocida obra Mi Lucha: "El Estado debe vigilar la educación popular, evitando, que la misma sea encargada erróneamente, cumpliéndole seguir de muy cerca las actividades de la prensa…"



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