24 diciembre 2014

La anti-economía en Venezuela (II): el sesgo de la centralización (Francisco J Contreras M)



EXTRACTO.
Desde el año 1940 hasta el presente en Venezuela ha dominado una cultura abiertamente adversa a la economía. Solo dos modelos de modernización con visión económica consistente de país han sido conocidos: el del Gobierno del Presidente Isaías Medina Angarita (1941-46) y el Gobierno de Carlos Andrés Pérez (1989-93), ambos gobiernos no culminaron su ejercicio, el primero por un golpe de estado y el segundo por un juicio político. Durante los otros períodos presidenciales solo hubo intentos aislados como la “sustitución de importaciones”, la “promoción de exportaciones”, la “Gran Venezuela”, siempre sujetos a la impronta político-ideológica electoral y al populismo. Es una historia donde cualquier intento de ofrecer sustentación económica al proyecto de país fue descalificado con epítetos como “neoliberalismo salvaje”, “tecnocracia”, “desarrollismo”, y últimamente, con cualquier descalificación. Ha sido un escenario donde se ha impuesto una racionalidad centralista del poder y del conocimiento que ha soslayado la potencialidad de bienestar de la propia región carabobeña.

Una cultura signada por el efectismo de lo inmediato.

La formación cívica del venezolano es muy escasa, se cree que los síntomas de los males públicos pueden ser resueltos de forma instantánea, cada quien anda siempre a la espera de un mesías, de un gobierno que le proporcione todo sin esfuerzo alguno. Resulta ser que solo hay progreso si se crea riqueza, que si no se produce no hay nada a repartir, la gente debe convencerse que no es posible mejorar arrebatando a otros lo que le hace falta.
Se ha recreado una cultura donde cada gobernante de turno utiliza la renta petrolera para perpetuarse electoralmente en el poder. Como mínimo hay que impedir constitucionalmente la perpetuación en el poder, debe existir una alternabilidad en el ejercicio de gobierno. Esta es una condición necesaria en un país donde la fuente primaria de creación de valor está en manos del Estado.
El países con renta petrolera bajo control gubernamental, nada obliga al gobierno a promover el crecimiento, ni el desarrollo, pues no depende rentísticamente de lo que produce la sociedad sino de la circunstancia fortuita de ser propietario de la principal fuente generadora de ingresos. Estos estados petroleros no requieren un poderoso sector productivo que genere tributos, ni una clase media ilustrada esencial para el desarrollo, éstos son mas bien una amenaza para sus intereses. Un estado petrolero donde existe perpetuación en el ejercicio del poder requiere una masa de pobres acostumbrados a las dádivas y una clase parásita que vive del lado oscuro de los fallos del mercado, esencialmente de mercados paralelos de toda naturaleza.
La gente asocia su estado de bienestar con la acción gubernamental, el venezolano espera que sea el mismo presidente quien le resuelva todos sus problemas, piensa “Ojalá el Gobierno controle los precios”, “los comerciantes son especuladores”, “se hace cola pero el tiempo pasa rapidito y llega el momento que a uno le toca, hay!! si no fuera por el Presidente”, “con equipa tu casa se pasa trabajo en colas, pero es un regalo”. No hay sentido de responsabilidad hacia si mismo, se espera que el Gobierno lo resuelva todo, la gente no identifica el origen los males públicos con la acción gubernamental.
La idea de unos recursos ilimitados llevó a los políticos y a los economistas a la hipótesis de que era posible liberarse del principio de la escasez, que no se tenía que ser muy cuidadoso en el uso de esos recursos materiales y financieros siempre limitados para evitar despilfarros, sino lograr, como fuere, la plena ocupación de esos recursos y mantener a todos felices liberados de la escasez.
Esa racionalidad tiene efectos importantes, cuando el individuo centra su atención en los males públicos como algo externo e incontrolable, se libera también de toda responsabilidad hacia si mismo. No obstante, nadie está absolutamente desprovisto de recursos y competencias, y tampoco, su contexto externo cercano está pleno únicamente de amenazas. Ubicarse estratégicamente en lo que se posee y en las oportunidades del contexto cercano, permite analizar la acción pública desde lo local. De allí la importancia de ocuparse de la acción política desde el propio ecosistema local y regional.

El federalismo centralizado como cultura.

Los venezolanos han estado tan acogotados y acostumbrados al federalismo centralizado, y es tan cierta esta aseveración, que aún cuando en cada región haya universidades, emprendedores, instituciones y un conocimiento decisivo de si, siempre se busca en la capital alguna voz experta que les diga lo que quieren escuchar, mas no las verdades amargas sobre el esfuerzo y el compromiso necesario para tener éxito.
Regionalmente hemos dejado de lado la localidad de nuestra tragedia, escuchando historias conocidas sobre lo macroeconómico. La descapitalización de la industria carabobeña, inducida por las regulaciones arbitrarias, es atroz. Se ha dejado de lado la destrucción de la base productiva industrial de Carabobo, la cual no ha sido solo por obsolescencia, o por falta de emprendimiento; de mayor daño ha sido el causado al talento humano, a los intangibles. Son temas nuestros, de Carabobo y también del país. La tarea del emprendedor enfrenta la recreación de una cultura laboral adversa a la productividad.
Carabobo industrial, en gran medida se hizo, en los sesenta, desde aquí, con su Universidad de Carabobo en alianza con el Concejo Municipal de Valencia, con unos emprendedores pioneros y unas empresas transnacionales que creyeron en este estado y su visión.
Un segundo impulso industrial se vivió entre finales de los ochenta y mediados de los noventa. Las buenas prácticas de manufactura, de incentivos al conocimiento y bonificación por desempeño, de la aplicación exitosa de los enfoques de calidad total, permitió que muchas empresas exportaran, incluso hacia mercados exigentes como Japón, ejemplo de ello el Grupo Sivensa. Fue una época de esplendor para el Grupo Corimon y para Mavesa, hubo empresas venezolanas cuyas acciones se transaban en las bolsas de valores internacionales. No buscaron apoyo mediático en la capital, ni de expertos en decir lo que se quiere escuchar, se hizo con iniciativa local. Se creó un “Know How” de servicios de consultoría y capacitación, en manufactura, procesos, administración, gerencia con prestigio en América Latina. En Carabobo surgieron organizaciones para la creación de valor como FUNSEIN (http://www.funsein.org/index.php), FUNDAMETAL (http://www.fundametal.edu.ve), CEATE (http://www.fundaceate.com/).

No hay comentarios :